Alexitimia: cómo vivir sin decir ‘te quiero’

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  • Definida como la incapacidad para identificar y expresar las emociones propias y ajenas, la alexitimia afecta, según la Sociedad Española de Neurología, al 10% de la población mundial

  • “Una vez conocí a un alexitímico. Se llamaba Félix. Al menos, su nombre era capaz de identificarlo. No estoy seguro de si se sentía a gusto cada vez que estábamos juntos. Jamás me dijo que se alegrase de verme, aunque supongo que a veces no hace falta hablar para expresar sentimientos. Al menos, no conmigo”.

 

Félix de la Iglesia podría haber permanecido para siempre en el anonimato. Ocultar su identidad del mismo modo en el que reservaba sus emociones. Pero no fue así. Fernando de la Calle se encargó de hacer las presentaciones en su libro Alexitimia: La imposibilidad de decir “te quiero”. “Siempre nos cuesta menos expresarnos con la historia de “la amiga de una amiga”, asegura este escritor. “Por eso, di vida a Félix de la Iglesia, una versión bastante similar a mí, parecido hasta en el nombre. Yo no sufro alexitimia. Simplemente, me cuesta mostrarme al mundo. Félix fue el canal para mostrarme más valiente y volver a darle a un “te quiero” la importancia que tiene”.

  • Prefiero un te quiero en silencio
  • a los que se caen con cada despedida
  • sin importar quién, cómo y, sobre todo, por qué.

 

Conocida como la incapacidad para reconocer y expresar emociones, la alexitimia afecta, según la Sociedad Española de Neurología (SEN), al 10% de la población mundial. Pese a que han transcurrido casi cinco décadas desde que el profesor de Psiquiatría Peter Sifneos introdujo este término en 1972, los expertos siguen hoy sin llegar a un consenso sobre su naturaleza. “Dependiendo de qué autor se siga, se entiende como una característica unívoca: o eres alexitímico o no lo eres”, explica Juan Moisés de la Serna, doctor en Psicología y autor de Alexitimia, un mundo sin emociones. “En cambio, otros (entre los que él mismo se incluye) señalan que se trata de un continuo con respecto a la inteligencia emocional, es decir, eres más alexitímico en cuanto seas menos inteligente emocional, y al revés. Igualmente, algunos la consideran un rasgo de la personalidad que acompañará al individuo de por vida, mientras que otros indican que se trata de una “forma de sentir” y que, por tanto, puede reeducarse”.

 

Pese a la divergencia de opiniones, en lo que De la Serna sí se muestra rotundo es en el “error” que supone tachar a quienes la sufren de individuos carentes de sentimientos. “Considerar a la alexitimia como una enfermedad suele ser un desacierto común, que proviene de la (falsa) creencia de que está presente en psicópatas y sociópatas. Asociar psicopatologías con determinadas características de personalidad es un error. En la alexitimia sí que se siente. Quienes la padecen únicamente no saben manejar correctamente cómo se sienten o interpretar las emociones de los demás por lo que, en ocasiones, evitan actos con una alta carga emocional, pero no tienen por qué presentar comportamientos “raros” o psicopáticos”.

 

Para determinar cuándo la dificultad para identificar y exteriorizar las emociones es de tal magnitud que puede considerarse alexitimia, el neurólogo Pablo Irimia, vocal de la SEN, hace hincapié en la repercusión que ésta puede acarrear en la vida diaria. “Si ese rasgo de carácter provoca que la persona tenga dificultad para transmitir sus sentimientos, pero no repercute en sus relaciones interpersonales, nunca habrá un problema médico. En el caso contrario, sí que puede haberlo”. Desde el punto de vista neurológico, en estos supuestos, el problema “no está en una estructura cerebral concreta, sino en un conjunto de ellas” que conforman el sistema límbico. Junto a la amígdala, que se ocupa de procesar y almacenar las reacciones emocionales, o el tronco cerebral, por el que pasan estímulos procedentes de diferentes partes del cerebro, “la región más relevante a la hora de identificar y expresar las emociones está en el córtex frontal, en la zona orbitofrontal que, a través de la expresión de la cara, los gestos o la entonación, posibilita interpretar lo que expresa tu interlocutor y que no transmite con el lenguaje”.

 

Según apunta De la Serna, la alexitimia tiene precisamente “un importante componente expresivo. No se trata sólo de saber lo que se siente e interpretarlo, sino de expresarlo luego de acuerdo al contexto”. Desde el punto de vista psicológico, la importancia de manifestar correctamente las emociones cobra especial relevancia si se atiende a la perspectiva psicosomática. “Lo que no se dice con palabras, el propio organismo se encarga de decirlo. El cuerpo “habla” lo que no dice de otra forma. Y eso se manifestará en enfermedades psicosomáticas”, argumenta. “Las emociones son un papel fundamental en la vida, influyendo en el 80% de nuestras decisiones, aunque hay autores que suben ese porcentaje hasta el 90%, por lo que, si prácticamente “deciden” nuestro existir, sería importante darles la atención debida”, concluye.

 

“Muchas veces no entendemos nuestras propias emociones. Nos quedamos en el miedo, la ansiedad, la tristeza o la melancolía, pero no llegamos a comprender de dónde viene ese sentimiento, qué hay debajo de él”, opina De la Calle. “Si lo hiciésemos, nos daríamos cuenta de que lo que realmente importa no es la emoción en sí, sino la raíz de la misma. Lo que nos lleva a sentir así. Lo que hace que nos cueste verbalizar un “te quiero” o un “no quiero volver a verte” es la persona a la que se lo decimos”, concluye el escritor. Por eso, él acostumbra a intercalar prosa y poesía. Es su manera de abrirse en canal ante los ojos del lector. De confesarle aquello que, quizá, hoy verbalice con una subordinada pero mañana escurra entre estrofa y estrofa. Y su libertad de escoger, en función del momento, cómo y cuándo hacerlo.

  • Quizá estemos equivocados.
  • Quizá, para que nadie deje de querernos,
  • debemos mostrar desde el principio
  • ese otro yo que ni nosotros mismos soportamos.

 

“Las personas comunican sus emociones porque presuponen que hacerlo les ayudará a sentirse mejor y superar las situaciones vividas”, afirma Natalia Ramos, experta en inteligencia emocional y autora de títulos como Corazones inteligentes o Practica la inteligencia emocional plena. “Quienes crecen en entornos familiares positivos, con un apego seguro, por lo general desarrollarán estilos de afrontamiento emocional adecuados. Sin embargo, cuando existan deficiencias o carencias emocionales, un adecuado entrenamiento que facilite, tanto los conocimientos oportunos, como la posibilidad de practicar diferentes habilidades de la inteligencia emocional en entornos terapéuticos, será altamente recomendable”, explica.

 

Contribuir a que, desde pequeños, los alumnos fomenten en su aprendizaje “actitudes como la curiosidad, la aceptación, la ausencia de juicio sobre la emoción sentida y una mayor tolerancia a la frustración” son algunas de las claves que, según esta experta, integrarían este “entrenamiento”. “Creo que, si algo nos puede llevar de regreso a casa son precisamente nuestras emociones, pero sólo cuando son atendidas con ecuanimidad, porque en demasiadas ocasiones las confundimos con las reacciones automáticas que generan. Esta confusión puede ser la responsable de que la historia de la Psicología haya tratado a menudo injustamente a las emociones, negando su verdadero valor. Creo que el tiempo irá devolviendo un adecuado protagonismo a nuestras emociones y a la importancia de que nuestra razón pueda ayudarnos a alcanzar las metas que la emoción nos enseña como valiosas”, sentencia Ramos.

 

“Le estamos quitando importancia al ‘te quiero'”, lamenta De la Calle. “Ahora, queremos hasta al panadero, sobre todo si tenemos su Whatsapp. Escribir un “te quiero”, con un montón de exclamaciones y corazones que lo acompañen, se ha convertido en el nuevo “mañana, si eso, hablamos”. Los “te quiero” que de verdad valen la pena son los que se dan en persona, los que se sienten de verdad y no los que actúan como despedida. Por eso, a veces un “te quiero” que no se dice vale mucho más que el que se escribe”.

  • Hoy he quedado
  • con nuestro tiempo perdido
  • y esta vez
  • voy a ser yo quien le hable de ti.

 

Fuente: El Mundo – Victoria Gallardo

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On enero 22, 2018
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