Escolarizados en el hospital

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  • En España hay 112 aulas hospitalarias para que los niños ingresados sigan estudiando

  • “Las temporadas que estuve ingresada, el colegio del hospital fue una liberación para mí”

 

Tres años después de empezar sus estudios universitarios, Marta recuerda su época de colegio, pero no de uno cualquiera sino de uno muy especial para ella: el cole del Hospital Materno Infantil del Gregorio Marañón en Madrid, donde pasó muchos días mientras estuvo ingresada de forma intermitente en varias épocas de su infancia y de su adolescencia por un problema renal. Ahora, con 20 años y estudiante de tercero de Magisterio, cuenta su experiencia y habla emocionada de aquella etapa de la que, dice, guarda recuerdos inolvidables, porque de lo malo siempre se puede sacar algo bueno. ¿Lo mejor? Las experiencias, el aprendizaje y las amistades que hizo, que todavía hoy conserva y parece que, como las cosas que realmente importan, lo serán de por vida.

 

«Las temporadas que estuve ingresada, el colegio del hospital fue una liberación para mí. Era un alivio poder salir de la habitación, estudiar y hablar con otros niños. En esos momentos sentía que no estaba en un hospital. Además, estaba muy integrada en el aula y nos ayudábamos unos a otros con los deberes. Había mucha unión entre todos. A día de hoy, tengo contacto con varios chicos que estuvieron conmigo, sobre todo con la que fue mi compañera de habitación que desde entonces somos mejores amigas, incluso hasta nos vamos juntas de vacaciones», relata Marta dentro del mismo aula donde pasó tantas horas estudiando, haciendo amigos y también sintiéndose libre de las presiones de los análisis, las pruebas y los tratamientos médicos.

 

Los niños hospitalizados tienen derecho a estudiar y dentro de los hospitales infantiles existen aulas para que no pierdan el ritmo ni el curso escolar que normalmente tanto preocupa a los niños. A estos coles se les llama formalmente aulas hospitalarias y son salas donde los niños acuden a estudiar dos o tres horas al día de lunes a viernes. No van siempre todos los días, sólo aquellos que pueden salir de las habitaciones. «Se trata de un aula al uso, de las de toda la vida. Los niños tienen diferentes edades, traen sus deberes y nosotros les ayudamos a estudiar los temas que en su colegio de origen están dando justo en ese momento. Por ello, los profesores de estos coles tenemos contacto telefónico con los centros donde estudia cada niño, ya sean colegios públicos, concertados o privados, y les damos las mismas lecciones que están dando en su clase de origen», explica Rosa García Prado, directora del Aula Hospitalaria del Hospital Universitario Central de Asturias (Oviedo).

 

La atención, por tanto, es individualizada, y en los casos de larga hospitalización (más de un mes) los maestros van a los colegios a reunirse con los tutores y se coordinan para ver cómo organizarse con lecciones, exámenes, etc. Porque, los niños también se examinan y lo hacen a la vez que el resto de sus compañeros, sólo que en vez de hacerlo en su colegio habitual, lo hacen en el aula del hospital. «Por ley, el servicio tiene que existir pero no es obligatorio que vayan, aunque es raro el niño que no quiere ir al aula. Al principio suelen tener recelo pero al final todos terminan yendo e incluso, deseando que llegue la hora», cuenta García Prado. Los pequeños o adolescentes que no pueden acudir al aula por motivos médicos o porque físicamente no se sienten bien ese día, reciben a las profesoras en las habitaciones para seguir sus clases. Por otra parte, existe otro recurso que se llama apoyo domiciliario que se ofrece a aquellos niños a los que se les da el alta hospitalaria pero que aún necesitan un tiempo de convalecencia en casa. En estos casos, acude un profesor a su domicilio para continuar con su docencia.

 

Los primeros colegios hospitalarios que aparecieron en España datan de los años 60 -el Hospital Niño Jesús y el Gregorio Marañón (ambos en Madrid, se abrieron en 1966) son de los más antiguos-. Sin embargo a nivel de legislación, el hecho más importante que apareció fue cuando se firmó el Convenio de 18 de mayo de 1998 suscrito entre el Ministerio de Educación y Cultura, el Ministerio de Sanidad y Consumo y el Instituto Nacional de la Salud para la atención educativa a los niños hospitalizados (cabe destacar que ya existía cierta legislación que ponía de manifiesto este derecho, como por ejemplo la Carta Europea de los niños hospitalizados en 1986).

 

En la actualidad, la estructura la pone Sanidad, y los profesores y los recursos educativos dependen de la Consejería de Educación de cada Comunidad Autónoma. «Se da prioridad a la educación obligatoria, pero también hay profesores que dan clases a niños que cursan Bachillerato, aunque esto depende de cada centro. Nosotros damos también este servicio porque así nos lo han concedido», expone por su parte Concepción Rodríguez de Cossio, responsable de las Aulas Hospitalarias del Hospital Materno Infantil del 12 de Octubre, de La Paz y del Ramón y Cajal. Además, dentro de estos programas existen talleres o actividades complementarias. Es algo común en todos los hospitales. Por ejemplo, hay tallares de magia, de ciencias, de astronomía, etc. Es decir, actividades diferentes de carácter lúdico para que los pequeños aprendan y se lo pasen bien.

 

Pero no sólo eso, «es también una manera de fomentar la utilización del tiempo libre y de que el niño no esté todo el día en la habitación. Saben que hay un periodo de trabajo y otro que es más distendido para poder jugar o acudir a talleres lúdicos», apunta Rodríguez, quien confiesa que cuando da clase no ve a niños enfermos sino simplemente a alumnos: «Veo a Samuel, a Pepe…». Es una forma de que no pierdan el curso y de vencer a la soledad, ya que «en el aula nunca hablamos de sus enfermedades, sólo de cosas de clase, por ello es tan importante para los niños asistir al cole», comenta Victoria Muñoz, coordinadora del Aula Hospitalaria del Gregorio Marañón.

 

Durante las estancias de Marta en el hospital -la más larga fue mientras cursaba 2º ESO- no sólo intentaba curarse sino también se preocupaba y se ocupaba de vivir, de no perder la alegría ni el curso que estaba estudiando en su colegio habitual. Así que, junto con otros niños también hospitalizados iba cada día al cole del hospital: «Gracias al aula tenía una rutina, no era levantarme y pensar ‘¿Qué voy a hacer hoy?’ sino que tenía una motivación para levantarme por las mañanas». Tanto le caló a Marta esta experiencia que decidió, entre otras razones, estudiar para ejercer de maestra en un futuro no muy lejano: «Cuando me daban clase en el aula, pensaba: ‘Yo también quiero hacer esto’».

 

«Lo más importante de todo es que los niños no se olviden de que son niños», asegura Patricia Bello, maestra del Aula Hospitalaria del Hospital Sant Joan de Déu (Barcelona). Para ellos, es muy importante ir a clase porque les mantiene unidos a la rutina de ser niños: «Ellos saben que durante un rato por la mañana o bien van al aula o bien la maestra acude a su habitación a trabajar con ellos, y eso les mantiene conectados con su escuela de origen y con el hábito de estudiar y de hacer deberes como siempre han hecho. Incluso, ellos mismos te lo demandan, te piden ir al colegio, o que la maestra vaya a su habitación». Además, para los padres es también muy positivo, no sólo porque ven que sus hijos están bien y contentos sino porque para ellos es un respiro: pueden salir a dar una vuelta, hacer recados y evadirse un poco fuera del hospital.

 

Pero no sólo la familia y los niños están agradecidos y contentos con estos coles, también lo están los propios médicos. «Estamos encantados porque psicológicamente les ayuda mucho. Y todo lo que sea encontrarse mejor mentalmente ayuda siempre a nivel físico», asegura Blanca Toledo, pediatra en el Gregorio Marañón. Incluso, hay veces que los médicos van a hacer la visita diaria y les piden que sea rápida porque se tienen que ir al cole: «Escuchar eso, para nosotros como médicos, es maravilloso».

 

Marta lo tiene claro, su paso por el aula del hospital, le ha servido para llenar su mochila de experiencias inolvidables, y quién mejor que ella para lanzar un mensaje a todos aquellos niños que están viviendo en un hospital: «El aula es algo maravilloso que hay que aprovechar al máximo para llevar mejor la situación que uno está viviendo. Y para poder guardar después un bonito recuerdo de todo aquel tiempo».

 

Fuente: El Mundo

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On junio 5, 2017
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