Francia quiere acabar con los deberes en casa

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  • Los alumnos que no reciben ayuda de sus padres fracasan más. ¿Son las tareas un factor de desigualdad?

 

Muchos padres trabajadores no tienen tiempo para las tareas escolares de sus hijos. O, simplemente, no están capacitados para ayudarles ni disponen de dinero para contratar a un profesor privado. Una situación que, en el caso de Francia, agrava las diferencias entre alumnos, convirtiéndolo en el país más desigual en materia escolar de la OCDE.

 

La situación ha alertado al Consejo nacional de la evaluación del sistema escolar (Cnesco), que acaba de publicar un estudio culpando a los últimos 30 años de política por practicar medidas «demasiado tímidas» para reestablecer la igualdad de oportunidades en la escuela francesa. Con las elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina, para muchos es el momento de sacarse de la chistera una petición electoral imbatible: eliminar los deberes para siempre. «Los niños deberían dedicar su tiempo libre a la música, al deporte o a la vida familiar», reclama François-Afif Benthanane, fundador de Zupdeco.

 

Esta asociación lucha contra el fracaso escolar y trata de ayudar a alumnos con dificultades, poniéndoles en contacto con su red de estudiantes voluntarios para que les echen una mano. Benthanane se hace eco de padres que pasan casi un calvario cuando llega el momento de los deberes. «Muchos padres no tienen tiempo de reflexionar con sus hijos o de animarles a leer y a reflexionar, especialmente en los barrios populares», explica. «Cuando esto no existe, ya partimos con fuertes desigualdades de base».

 

Aunque oficialmente los deberes en la escuela primaria francesa están prohibidos desde 1956, son muchos los profesores que siguen encomendando tareas. Muchas veces, incitados por los propios padres. En esta línea se sitúa la Federación de Padres de Alumnos de la Enseñanza Pública (PEEP). Su presidenta, Valéry Marty, defendía la necesidad de que los estudiantes tengan desde pequeños ese momento de «autonomía» y «reflexión». A su juicio, es «contraproducente» que los padres ayuden a los hijos, que deben digerir lo estudiado en clase.

 

Zupdeco propone que las escuelas públicas dispongan de logística para que los estudiantes hagan los deberes allí mismo y dispongan de otros estudiantes o profesores para que les ayuden a razonar, no a responder. Tal solución sería más barata que lo que hoy le cuesta a la sociedad francesa cada chaval que deja la escuela: 230.000 euros según Bethanane, para quien esa decisión puede desembocar en problemas de paro o delincuencia, con gastos públicos que se extenderían durante 40 años.

 

¿Vivir para trabajar o trabajar para vivir? La respuesta quizás empiece por la escuela.

 

Fuente: El Mundo

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On octubre 23, 2016
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