Musicoterapia: ralentiza el Alzheimer y calma el Parkinson

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Gran parte de la población padece enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer, Huntington o Parkinson, entre otras. En la Fundación Vianorte-Laguna se dedican al cuidado y tratamiento de personas de la tercera edad cuya enfermedad se encuentra en fases avanzadas. Invitados a presenciar uno de sus tratamientos alternativos, la musicoterapia, nos dirigimos a la sala 3 del centro para ver cómo María Martínez Gil, imparte la sesión. Alterna su guitarra con el sonido de tambores, maracas y su maravillosa voz con la que logra derrumbar «la barrera que la separa de los allí presentes. La enfermedad ha avanzado y pese a que las reacciones no son desmesuradas sí se puede ver como alguna persona alza la vista y mira a María, otros dicen o intentan decir algo, se mueven siguiendo el ritmo de la música o sonríen ampliamente e incluso cómo tocan alguno de los instrumentos que la musicoterapeuta les cede para que lo hagan sonar.

 

Cuando pregunto a María que qué es la musicoterapia ella contesta: «es el uso de la música y de los elementos que la forman: ritmo, melodía, armonía y silencio para promover en el individuo un cambio. Puede ser restaurar la salud, mejorarla y ayudar al desarrollo personal en todas las áreas de la persona: física, cognitiva y emocional».

 

Los estudios abalan el uso de música en el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas, los afectados muestran una mejora en las áreas cognitivas, socioemocionales y físicas. En el caso de pacientes psicogeriátricos aumenta la motricidad de la persona, la música incita a las personas a moverse más. María Martínez cuenta que «en el ámbito socio emocional, al principio de la enfermedad pueden ser conscientes de lo que tienen y les genera mucha frustración y tristeza. Cuando se trabaja con estos síntomas emocionales simplemente se hacen cosas musicales que ayudan a las personas a sentirse mejor«.

 

La música tiene la capacidad de que con una sola herramienta se puede llegar a muchas áreas de la persona. «Todos reaccionamos rítmicamente ante ella sin apenas darnos cuenta, porque estamos programados para hacerlo. Nos emocionamos con la música y a través de su uso también hay una actividad de procesamiento cognitivo (atención, concentración y verbalización). La música confiere a los miembros de la tercera edad una parte estética preciosa que dota a la propia disciplina de algo que para las personas es muy espiritual».

 

La aplicación de la musicoterapia en personas con enfermedades neurodegenerativas tiene una explicación y es que todos sabemos que el cerebro es un ente musical, como explica Martínez «el cerebro está dividido en dos partes: lateral izquierda y lateral derecha. Cada una sirve para un procesamiento diferente de la persona. Una tiene que ver con el área del lenguaje y otra con la parte emocional o musical». En las enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer, Parkinson o Huntington, normalmente la parte del cerebro afectada es la que tiene que ver con el habla, de ahí que aparezcan problemas como las afasias y disfasias. «La persona no puede hablar, pero en cambio, la parte de la estimulación musical sigue activa».

 

Precisamente los musicoterapeutas centran su trabajo en la estimulación de las partes del cerebro no dañadas «para intentar restablecer lo que se pueda de esa parte». La directora de terapias y neuróloga María García Arias explica que «cuando hay un daño cerebral se tienen neuronas que no funcionan pero si sufrimos demencia hay unas enzimas o proteínas que tampoco dejan funcionar la sinapsis. Siempre hay parte del cerebro sana y a través de la estimulación el cerebro va buscando sus caminos para ir conectando nuevos circuitos. Excepto cuando la enfermedad ya está muy avanzada y el cerebro está «desconectado», pero aunque en esa situación es complicado siempre se puede hacer algo«.

 

No existe un tipo de música específica para la terapia, cada persona tiene sus propios gustos, lo que le agrada a alguien puede disgustar a otro individuo y viceversa. Martínez afirma que lo que si hay son parámetros «que no debemos confundir con estilos. Es decir, si yo tengo una persona que está con un tono deprimido y físicamente bajo, no se mueve mucho y muestra apatía física o emocional, no debería optar por tempos rápidos, las intensidades fuertes… Siempre hay que tener en cuenta dónde está la persona y partir de ahí. Si tú estás triste y te ponen una canción muy alegre no empatiza contigo. Por eso cuando uno está triste pone canciones que le potencian esa tristeza». El musicoterapeuta parte de esa fase de acompañamiento y después dirige su sesión hacia ese sentimiento por medio de armonías concretas, ritmos diferentes, variación de timbres y pulsaciones distintas. Así logran conducir a las personas de uno a otro estado.

 

La experta afirma que la música sirve para activar al que tiene un tono energético bajo y para relajar al que tiene la energía muy elevada. «Las personas con enfermedades neurodegenerativas entran en momentos de crisis, ellos no son conscientes y es la propia enfermedad la que les lleva a mostrarse agresivos o a insultar repentinamente». La música en la terapia es casi siempre en vivo, pues la música ya hecha está enlatada y no permite al terapeuta adaptarse a la persona, la misión del especialista es observar a las personas, su cuerpo, mirada, atención, escuchar su tono de voz y de ahí como explica Martínez Gil, «lo que la persona me demuestra, yo lo creo musicalmente, de ahí la importancia de saber música. Pienso en cómo hacer algo que refleje lo que la persona me transmite y analizo a dónde quiero llevarla.

 

Hacer música en vivo permite crear lo que la persona necesita. Por eso no puedes traer una sesión ya preparada, porque te puedes encontrar cualquier cosa». En este sentido la musicoterapeuta afirma que es muy importante conocer una historia sonoro musical o sonoro vital. «Hay que saber si la gente ha escuchado o no música, porque yo suelo pensar que sí, pero a veces no. Sin embargo todos tenemos un ‘background musical’, por ejemplo en el pueblo, todos han escuchado música, aunque todo depende también del momento histórico en el que hayan vivido; a unos les gustará más la copla, los boleros, los Beatles… De ahí la importancia de conocer qué es lo que la persona ha escuchado, para trabajar con ella la parte emocional y traerla a aquí».

 

La terapeuta, describe a las personas como «cuerpo, mente, corazón y espíritu. Muchas veces se piensa que el enfermo está anulado, no es así. La parte emocional sigue ahí y esto lo han demostrado los estudios. Puede que no sepan quién es la persona que les está abrazando pero sí sienten quién les quiere. Las personas somos música, es tan potente ver que gente que está en un estado muy avanzado de la enfermedad de repente reacciona cuando oye la música… La musicoterapia trabaja la comunicación no verbal«.

 

La musicoterapia es una técnica activa, su objetivo es movilizar a las personas en la acción. Ellos tocan, bailan, se mueven, suben los brazos «lo que tiene la música es que otro profesional puede instar al paciente a subir los brazos, pero la música les lleva. Yo pruebo con qué instrumentos reaccionan y con ellos trabajo».

 

Como los síntomas son similares todas las enfermedades neurodegenerativas se tratan en la misma sala, sin embargo como cuenta Ana María, la responsable de comunicación del Centro, se les separa por grados. Y la musicoterapeuta añade: «No hay ninguna persona igual, depende de lo que cada uno puede hacer. Incluso con la misma enfermedad hay gente que cursa distinto, todos tienen su personalidad y sus particularidades«.

 

Lo ideal según la especialista sería que un musicoterapeuta estuviera integrado del todo en una organización multidisciplinar. María se ha formado con especialistas de Estados Unidos que trabajan en colaboración con fisioterapeutas y cuenta que las mejoras que hay a nivel motor en personas que han sufrido afecciones o daños cerebrales adquiridos son espectaculares. «Gente que ha sufrido un accidente de tráfico, un ictus, un derrame y otras dolencias y que todavía tiene muchas capacidades. Ahí hay que hacer un trabajo muy potente al principio de la rehabilitación, para trabajar con esas áreas que aún son susceptibles de mejorar. Lo que yo he visto en estos casos es alucinante. Ahí ya no es tanto la parte lúdica para que se lo pasen bien, es que hay una persona que no anda o habla y puede llegar a hacerlo si se trabaja bien con ella. Un Alzheimer es degenerativo, puedes trabajar para mantener los síntomas y que no empeore demasiado rápido o que el progreso de la enfermedad sea más lento. Pero cuando ha aparecido, ha aparecido. En un daño cerebral adquirido puedes lograr una mejoría total de la persona».

 

Fuente: El Mundo

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On junio 21, 2016
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