¿Se pueden controlar los tics nerviosos?

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  • Guiñar el ojo, girar bruscamente el cuello… estos movimientos son difíciles de dominar, pero hay terapias que ayudan a sobrellevarlos

 

Súbitamente, y de manera incontrolable, brotaba de su garganta algo así como un cacareo. Hablamos de Samuel Johnson, figura literaria y autor del primer diccionario en inglés. Un comportamiento que, según los historiadores, lo acompañaba con incesantes estiramientos de sus piernas.

 

Era el siglo XVIII y, por entonces, sus dolencias estaban inmersas en un mar de interrogantes. Hoy se conoce a ciencia cierta que se trataban de tics nerviosos. Movimientos convulsivos, involuntarios y breves. «Cuesta mucho dominarlos», dice Azucena Díez, psiquiatra infantil en la Clínica Universidad de Navarra. Afectan 10 veces más a hombres que a mujeres y una de sus mayores causas reside en la genética. «En varias ocasiones han venido a consulta niños con tics. Cuando observaba a sus padres, éstos también los hacían».

 

Estos trastornos no se pueden prevenir. Dado que el estrés está directamente relacionado con los tics, un estilo de vida sano reduce su proliferación. La fatiga, la falta de sueño o pasar muchas horas delante de pantallas -ordenadores, móviles y, especialmente, videojuegos– fomenta su aparición siempre que alguien esté predispuesto a tenerlos.

 

Los tics suelen manifestarse en la fase de la pubertad y, con el paso de los años, tienden a reducirse. Por ello, las personas mayores no acostumbran a sufrirlos. Tampoco son degenerativos ni brotan mientras se duerme. Lo que puede pasar es que una misma persona desarrolle varios tics diferentes a lo largo de su vida.

 

Diversos estudios constatan que el 25% de los adolescentes menores de 18 años desarrollan este trastorno nervioso. Y los hay de muchos tipos. Cualquier movimiento o sonido imaginable es susceptible de convertirse en tic.

 

La doctora Díez recuerda el curioso caso de un paciente que pasó por su clínica hace unos años. Un adolescente que era monaguillo y que emitía el sonido de un delfín sin poder contenerse. Una situación que afloraba en mitad de las misas, provocando el desconcierto de los parroquianos.

 

Para tratar de curar los tics existen dos tipos de tratamientos. Si son muy intensos e impiden llevar una vida normal al enfermo, se recurre a la medicación. Antipsicóticos, concretamente. Para los leves, se lleva a cabo una psicoterapia de reversión de hábitos. Enseñar al afectado a realizar gestos o actividades incompatibles con la convulsión.

 

«Dije a mi paciente que siempre tuviera un bote de agua cerca. Y cuando tuviera ganas de realizar el ruido del delfín, bebiera. Fue efectivo. Pero estos temas son complejos. Un año después desarrolló otro tic. A la hora de comer se pasaba los cuchillos por el cuello. Era muy peligroso y llamativo. Conseguimos contrarrestarlo haciendo que pusiera sus manos bajo sus piernas cuando aflorara ese instinto».

 

La creatividad y la imaginación son fundamentales a la hora de abordar este problema. Aun así, los tics son difíciles de sobrellevar. Más si cabe en el ámbito educativo, donde el bullying acecha y se ensaña con los más débiles.

 

«Los escolares lo pasan muy mal. Una vez traté a un joven que se contenía en las horas de colegio. Al llegar a casa se desparramaba. Se encerraba en su habitación y realizaba todos los tics juntos«. Por no hablar de las contracturas musculares que surgen al tener el cuerpo tanto tiempo en tensión.

 

Depresión o falta de ganas de ir a clase son la cara B de este trastorno que se cura con una terapia conductual para modificar los pensamientos y descubrir que hay vida más allá de los tics.

 

LOS TICS MÁS HABITUALES

 

GIROS DE CUELLO. Algunas personas tuercen de manera brusca su cuello. Tirones que repercuten en la salud de su columna vertebral. Pero el dolor de espalda no es lo que más temen. Este gesto llamativo suele recolectar las miradas que se encuentran a su paso. Para incorporar este tic a su vida cotidiana, la psiquiatra Azucena Díez recomienda, cuando se sufra el espasmo, «hacer como que te apartas el pelo o te peinas». De esta manera se consigue otorgar naturalidad al movimiento.

 

GUIÑAR EL OJO. Es uno de los tics más habituales. En los últimos años, el presidente del Gobierno, Mario Rajoy, lo ha popularizado. Pese a que en mitad de una conversación o discurso es muy complejo camuflarlo, Díez apunta que se puede integrar en la vida de las personas incorporándolo a la hora de saludar o de despedirse de alguien. Parecido es el tic del parpadeo excesivo. «Algunas personas se dejan el flequillo largo para disimular este pestañeo».

 

CRUJIRSE LOS DEDOS. Para controlar aquellos tics que involucran la utilización de los brazos -crujirse los dedos, tocarse la oreja, la barbilla…-, la especialista aconseja sentarse encima de las manos para evitar repetirlo.

 

OLFATEO Y CARRASPEO. Muchas personas, después de haber pasado un catarro o una gripe, siguen realizando el sonido de aspirar fuerte por la nariz. A veces también se quedan con una pequeña tos que no se va. Estos hábitos se instalan en el cuerpo hasta convertirse en un tic. «Mucha gente dice que está constipada o que tiene una alergia, sea la época que sea, para disimularlo». Tener una botella de agua cerca, para beber cada vez que te entren ganas de carraspear o inspirar, ayuda a reducir las ganas de hacerlo.

 

Fuente: El Mundo

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On abril 11, 2016
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