Las denuncias por acoso escolar se disparan: un 75% más en 2015

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  • La imagen del artículo corresponde a la campaña contra el acoso escolar: tu silencio y tus risas, cómplices

  • El 70% de las víctimas de ‘bullying’ lo sufre a diario

 

Siempre ha estado ahí, en todos los centros escolares, cada día, con la diferencia de que ahora cada vez sale más a la luz. Como sucediera con la violencia de género, la mayor concienciación e información sobre el problema del acoso escolar está propiciando que afloren más casos. En concreto, hasta un 75% más en 2015. Además, se registró un drástico repunte a raíz de la publicación -en enero de este año- de la carta de Diego, el niño de 11 años que se suicidó en Madrid.

 

Es una de las conclusiones que se extraen del I Estudio sobre el ‘bullying’ según los afectados, basado en las llamadas de menores víctimas de acoso recibidas por el Teléfono ANAR de Ayuda a Niños y Adolescentes. Auspiciado por la Fundación Mutua Madrileña, el informe también cuantifica en un 70% el porcentaje de víctimas que sufre acoso diariamente, y casi en la mitad de las ocasiones, la situación se prolonga más de un año, con las consecuencias que esto supone en el desarrollo de la personalidad del menor y su salud mental futura.

 

«El acoso es algo que te acompaña toda la vida. Genera ansiedad, baja autoestima, aislamiento y puede derivar en fracaso escolar; dependerá de la capacidad o resiliencia de cada chico», explica el psicólogo Benjamín Ballesteros, director de Programas de la Fundación ANAR, quien insiste en la importancia de que cualquier víctima de acoso escolar reciba tratamiento psicológico: «Si no lo reciben, estarán afectados toda su vida». Y en los casos más graves, puede acabar en suicidio, de ahí la importancia de la intervención. «En general, los padres se centran mucho más en la acción, en que se acabe la situación de acoso, que en escuchar las necesidades y problemáticas de sus hijos. Y no piensan en las consecuencias derivadas de haberlo vivido tanto tiempo».

 

El número de casos conocidos no ha hecho más que aumentar desde el año 2004, cuando el suicidio de Jokin, de 14 años, en Hondarribia, tras sufrir todo tipo de vejaciones en el centro escolar por parte de otros compañeros, disparó las alarmas. «A partir de entonces, se ha registrado un incremento importante de los casos denunciados» en el Teléfono: hasta 573 en 2015 frente a los 328 registrados en 2014, o los 154 de 2009. Casos que «en su totalidad necesitaron atención psicológica y jurídica, y que podrían haber tenido un desenlace fatal«, explica Ballesteros, que también señala que se resolvieron.

 

El ‘caso Diego’ en concreto -en el que finalmente se descartó el acoso- supuso un revulsivo para padres, menores y profesores: en los 50 días posteriores a la publicación de la carta de suicidio, las llamadas de niños se duplicaron, y las de padres (especialmente madres) se multiplicaron por cuatro. También aumentaron las llamadas de docentes para informarse sobre los protocolos de actuación. Esto no quiere decir que la información periodística implique un aumento de los casos, una suerte de ‘efecto llamada’ sino que «cuando se habla de ello, el tema aflora, y si se tienen dudas, se acercan y preguntan», añade el psicólogo.

 

En cuanto al perfil, «se constata un equilibrio entre chicos (49%) y chicas (51%)», resalta Lorenzo Cooklin, director general de la Fundación Mutua Madrileña, que señala un mayor repunte en el caso de las chicas entre los 11 y los 13 años, precisamente el tramo de edad en que se registra mayor incidencia del acoso escolar. No obstante, alertan, aunque la edad media se sitúa en los 11,9 años, el análisis de la evolución permite ver que el problema empieza a gestarse entre los siete y los nueve años.

 

El tipo de violencia más habitual suele ser la psicológica, y si el acoso perdura en el tiempo, puede derivar en física. Por ejemplo, es frecuente que los menores afectados relaten que les empujan por las escaleras del centro escolar. Y el momento de mayor grado de acoso es a la salida del colegio, tanto en el barrio como de forma ‘virtual’, ejerciendo ciberbullying a través de las redes sociales. «Esto agrava el problema porque llega un momento en que el adolescente no tiene descanso. Ya no es salir del colegio y que se acabe la pesadilla, sino que sigue en su habitación, especialmente con los grupos de WhatsApp creados específicamente para insultar«.

 

«Estamos soltando teléfonos móviles a niños que aún no tienen capacidad para gestionarlo porque su cerebro no está desarrollado. Con el fenómeno de las comuniones, reciben un móvil con acceso incontrolado a las redes sociales», algo que, en opinión de Ballesteros, no debería hacerse antes de los 12 años, y «a partir de ahí, depende de cada niño».

 

Y otro problema más asociado al uso de la tecnología: en muchos casos la víctima cambia de colegio para huir del acoso. Esta solución, hasta ahora más o menos efectiva, está dejando de serlo porque con las redes sociales, la información fluye de un centro a otro y el acoso se reproduce en el nuevo centro. Y, «en general, los colegios reaccionan tarde y, la mayor parte de las veces, se ponen de perfil», afirma el psicólogo.

 

Aunque el 86% de las víctimas rompe su silencio y comparte su situación con alguien, cerca de un 31% no se lo cuenta a sus padres. Lo ocultan para evitar preocuparles o hacerles sufrir, por miedo a que les culpen de la situación o porque temen una reacción exagerada ante el colegio o los acosadores. «En general, los progenitores del niño acosado suelen sobrerreaccionar, quieren denunciar al centro escolar, que muchas veces ni está al tanto de la situación, y no aceptan medidas a medio plazo, por lo que suelen optar por cambiar a los niños de colegio. Este cambio, sin dar margen a la solución del problema, puede hacer que, no obstante, la situación se repita en el nuevo centro», concluye el estudio.

 

En este punto, Ballesteros recomienda observar las señales «que a veces en los adolescentes son difíciles de interpretar», de modo que cambios de comportamiento o una mayor tendencia al aislamiento, por ejemplo, pueden ser entendidas como conductas propias de la edad, cuando en realidad pueden ser señales de alerta de que el niño sufre acoso escolar.

 

¿Y por qué los acosan? Según las víctimas, lo hacen por ser «poco hábiles en las relaciones sociales, no seguir las tendencias o gustos de la mayoría, tener discapacidad o defectos físicos, o simplemente ser diferente«. «Si el principal motivo de acoso es ser diferente, todos somos diferentes y por tanto cualquier niño es sujeto de acoso», ha afirmado Cooklin.

 

«No bullying. Acabar con el bullying comienza en ti» es el título de la iniciativa que han presentado ambas fundaciones, una campaña que incluye una intervención en 100 colegios de 6º de Primaria y 1º de la ESO (los cursos de mayor incidencia del acoso) con «sesiones muy dinámicas e interactivas», para conseguir que los alumnos sean conscientes del problema y de la alternativas para favorecer la convivencia. Lo harán haciendo especial hincapié en el papel de los «espectadores», otros alumnos que son conscientes de la situación de acoso, ya que -defienden- su rol es tan importante como el del acosador.

 

«Vamos a sensibilizar sobre las consecuencias del acoso, y a intentar transformar la presión del grupo sobre la víctima en cohesión grupal. Que se den cuenta de que su acción puede ser muy beneficiosa para cambiar la situación». Y que las risas o el simple silencio ante una situación de acoso pueden convertir en cómplice.

 

Fuente: El Mundo

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On abril 27, 2016
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