La cara oculta de la esquizofrenia

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  • Menos de la mitad de los afectados cumple con su tratamiento
  • Hacen falta más recursos para mejorar su integración en la sociedad

 

José Arturo prefiere ocultar su rostro. «Temo miradas extrañas, tener que empezar otra vez desde el principio y que no me consideren una persona normal, cuando sí lo soy». Hace más de 30 años, su médico le transmitió un diagnóstico disfrazado. En lugar de hablarle de síndrome esquizoafectivo, le decía que tenía depresión endógena con matices psicóticos. «El médico y mi familia me tenían engañado. No querían que supiera lo que tenía. Intentaban protegerme». Fue una década después cuando sus hermanos le transmitieron la noticia. «Me aterroricé. Creí que estaba loco». Una idea que, a pesar de los años que han pasado, sigue planeando en la sociedad cuando se ve delante de una persona con este tipo de enfermedad mental. Aún quedan muchos muros que derribar y derechos por alcanzar. «El estigma, la imagen social de la enfermedad mental, en general, es muy dura y está asociada a temas de peligrosidad y violencia. No es una buena carta de presentación», argumenta José Luis Rico, psicólogo y subdirector de la Asociación Madrileña de Amigos y Familiares de Personas con Esquizofrenia (Amafe). Sufren el rechazo social y el suyo propio al anticiparse al fracaso, agrega el experto.

 

Este año, coincidiendo con el Día Mundial de la Salud Mental, la Organización Mundial de la Salud (OMS) hace un llamamiento a los países miembros para que garanticen la dignidad de las personas con enfermedad mental y eviten la discriminación y la estigmatización que sufren (a través de la campaña La dignidad es muy importante). Además, este organismo también alerta de la escasa formación de los profesionales de la salud que atienden a este colectivo. Según datos oficiales, los desórdenes mentales representan el 13% de la carga total de enfermedades en el mundo y representan un tercio de todas las discapacidades relacionadas con la salud. Michelle Funk, especialista de la OMS, subraya que diversos estudios realizados en EEUU y Reino Unido han demostrado que «las personas con enfermedad mental mueren entre 10 y 20 años antes que la media de la población». Tal y como puntualiza Funk, «fallecen de las mismas dolencias que el resto de la población, pero al no ser tratados o serlo, pero no con la eficacia y celeridad del resto, acaban pereciendo mucho antes». Insiste en que hay un «enorme vacío» tanto en el tratamiento de afecciones regulares, como en el de la propia dolencia mental.

 

En palabras del psicólogo, «hay una asimetría muy fuerte entre la dimensión del problema y los recursos destinados. El seguimiento del tratamiento, por ejemplo, en el caso de los afectados por esquizofrenia «es mejorable. Convendrían mayor número de consultas y más tiempo de atención». En este punto, cabe recordar las conclusiones de un estudio publicado en la revista The American Journal of Psychiatry. Los autores advertían que sólo un 40% de estos pacientes toma su medicación con regularidad. Bien porque no respetan las dosis, porque se las saltan, porque las toman con más frecuencia de la prescrita, etc. Pero el dato más contundente es que el 25% abandona la terapia durante los primeros 10 días, el 50% durante el primer año y el 75% a los dos años.

 

Uno de los principales motivos de esta falta de adherencia, argumenta Celso Arango, uno de los psiquiatras más reconocidos en este ámbito, del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, es que «no existe conciencia de la enfermedad, ni por parte de los propios afectados, quienes pueden no darse cuenta del problema que tienen». Con el objetivo de mejorar el diagnóstico temprano (y así evitar ingresos involuntarios) y controlar el tratamiento continuado, en otros países, como en Reino Unido, se han creado unidades de intervención precoz. Además de «eficaces, son rentables». En España, añade el psiquiatra, «suspendemos en recursos intermedios para personas con esquizofrenia». Quienes han estado ingresados en el hospital, pasan de estar 24 horas vigilados a acudir una vez al mes a la consulta. «Son pocos los hospitales que ofrecen un servicio de día con terapias de grupos e individuales, con controles de medicación, resolución de problemas, etc.».

 

Las personas como José Arturo no sólo necesitan fármacos sino la posibilidad de participar plenamente en la sociedad, lo que incluye el derecho a trabajar. «Como digas que tienes esta enfermedad, no entras en ningún sitio, sufres burlas y, además, nadie se cree tu recuperación». A través de asociaciones como Amafe, José Arturo está ilusionado por encontrar trabajo y por alejarse de su mundo de aislamiento y obsesión. «Siempre he luchado por salir adelante y tener una vida normal».

 

En los últimos años, los nuevos fármacos han mejorado mucho el tratamiento de la esquizofrenia. «Tenemos medicamentos muy eficaces para tratar los delirios y las alucinaciones y evitar los episodios psicóticos», afirma Celso Arango, psiquiatra del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. «Una persona que los haya sufrido y no siga la terapia tiene un 70% más de probabilidades de recaer». Con la intención de mejorar el cumplimiento, ya hay formatos de liberación sostenida con los que el paciente sólo tiene que someterse a una inyección al mes. En EEUU han aprobado recientemente un tratamiento que consiste en cuatro inyecciones al año.

 

Fuente: El Mundo

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On octubre 13, 2015
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