Optimismo y calidad de vida en el cáncer de mama

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Como cada año, ayer, 19 de octubre, se celebró el Día Internacional contra el Cáncer de Mama, como recordatorio del compromiso de toda la sociedad en la lucha contra este cáncer. En esta ocasión, Infocop ha contado con la colaboración de dos psicólogos especializados en psicooncología, que han realizado un artículo sobre optimismo y calidad de vida en pacientes con esta enfermedad.

Los estudios que relacionan los factores psicosociales con una mejor calidad de vida en las personas que sufren cáncer, indican la existencia de diversos aspectos relevantes más allá de la gravedad del cáncer en cuanto a síntomas y limitaciones. Entre estos factores, recientes estudios de la personalidad y concretamente el optimismo, han aportado resultados interesantes. En nuestro trabajo se estudió la relación entre el optimismo y pesimismo disposicional, con diferentes aspectos de la calidad de vida, entendiendo que la calidad de vida puede considerarse un indicador de cómo la persona se siente y adapta a lo largo del proceso oncológico.

El optimismo disposicional fue definido por Scheier y Carver (1985) como “la expectativa generalizada de que van a ocurrir cosas positivas». Estos autores proponen un modelo de auto-regulación según el cual, un individuo persiste en conseguir un resultado si éste es percibido como alcanzable.

Dado que las personas optimistas esperan más resultados positivos en situaciones ambiguas o menos controlables, son menos propensas que las pesimistas a retirarse de la situación. Tanto el optimismo como el pesimismo se consideran expectativas generalizadas acerca de las cosas que le suceden a uno en la vida y se consideran como disposiciones estables (rasgos). En general el optimismo disposicional se considera un rasgo de personalidad que puede ser útil a la hora de encarar las dificultades de la vida. Las principales vías a través de la cuales actuaría el optimismo disposicional para preservar la calidad de vida tras el cáncer son: las estrategias adaptativas y de autocuidado que utilizan en mayor frecuencia las personas optimistas, el mejor funcionamiento de la respuesta inmune de los optimistas, tomando como referencia la actividad de las células NK (natural killers), y el hecho de que las personas optimistas perciben un mayor apoyo social.

El optimismo disposicional podría influir y predecir de manera precoz la calidad de vida que tendrá la persona afectada de cáncer de mama, así como las estrategias de afrontamiento que utilizará. Podemos suponer que una mujer con cáncer de mama, si es optimista, tendrá una mejor predisposición para gestionar los problemas vinculados con su enfermedad. Los resultados de diferentes estudios indican una tendencia de las personas optimistas con cáncer de mama al afrontamiento activo, la planificación, la supresión de actividades distractoras, la reinterpretación positiva, el crecimiento personal y la búsqueda de apoyo social instrumental y emocional; en cambio las pesimistas se distancian mentalmente y tienden a negar las posibilidades favorables.

A pesar de las relaciones positivas observadas entre el optimismo disposicional y algunos aspectos de la calidad de vida, en algunos estudios dicha relación no es tan clara, o bien se observa más que en relación con el optimismo, en la ausencia de pesimismo. En nuestro estudio observamos que las mujeres más optimistas sienten menos ira, menos dolor, menos dificultades para el movimiento, menos cansancio, menos dificultades para las tareas diarias, más ilusión por las cosas en general y menos miedo (p<.05).

Si el análisis relacional se efectúa teniendo en cuenta el optimismo y el pesimismo como constructos independientes, el pesimismo se muestra más relacionado con la calidad de vida emocional (p<.01) que el optimismo (p<.05). Lo mismo sucede en el ámbito de la calidad de vida familiar y social: ambas se relacionan significativamente con el pesimismo (p<.05) pero no con el optimismo.

En cambio, respecto a la calidad de vida relacionada con los síntomas físicos, ocurre al revés, es decir, se observa más relación con el optimismo (p<.05) que con el pesimismo. Ser optimista está relacionado con una menor percepción de síntomas físicos y malestar corporal en el proceso del cáncer de mama. Considerando conjuntamente el malestar físico y el malestar psicológico, se observa que entre las mujeres disposicionalmente optimistas sólo el 17,2% presentan alteración de la calidad de vida en ambos aspectos; mientras que entre el grupo de mujeres disposicionalmente pesimistas el 38,09% presentan malestar corporal y psicológico simultáneamente (p<.018).

Ante estos datos y a pesar de que no podemos establecer relaciones causales, es posible que detectar desde el momento del diagnóstico la tendencia al optimismo o al pesimismo de las pacientes con cáncer de mama nos pueda ayudar a prevenir y anticipar ciertas dificultades tanto a nivel emocional, como físico y social. Por ejemplo, las personas pesimistas reciben reacciones más negativas cuando hablan de su enfermedad con los demás, y pueden estar más centradas en los síntomas, lo que les genera mayor interferencia en la calidad de vida diaria. Por otra parte, hay que tener en cuenta que las mujeres más pesimistas tienen una percepción subjetiva de menos apoyo social y familiar, y que probablemente no recurran a terapias de apoyo (al no anticipar beneficios). Por tanto, los profesionales de la salud podemos contribuir a detectar estos casos y hacer un seguimiento y/o proporcionar orientación para mitigar ciertas actitudes y estrategias pesimistas, así como para potenciar características y estrategias que nos muestran las pacientes optimistas, a fin de facilitar una mayor satisfacción con la calidad de vida disponible.

 

Fuente: infocop

 

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On octubre 20, 2014
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