La adaptación social, el principal problema al que se enfrenta una persona con epilepsia

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Más allá de las convulsiones, manifestaciones menos frecuentes de lo que se cree, y las dificultades de concentración, el principal problema al que se enfrenta una persona con epilepsia es a la adaptación social.

Aunque en la mayoría de los casos pueden llevar una vida normal medicándose a diario y cumpliendo con las pautas terapéuticas que les indique su neurólogo ya que el 70 por ciento las epilepsias se controlan con fármacos, estos enfermos crónicos temen ser estigmatizados.

Electroencefalograma

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El neuropsicólogo de la Universidad de La Laguna (ULL), Emilio Verche, explica en una entrevista que el mayor obstáculo al que se enfrenta un epiléptico, aún más si está en edad infantil, es a la integración social, pues el resto de trastornos que ocasiona esta enfermedad se pueden trabajar para mejorar.

Según Verche, ver una crisis convulsiva, la cara más conocida de esta enfermedad por la masa social y también la menos común, puede ser impactante y dependiendo de la edad puede hacer que sean tomados como «bichos raros».

Sin embargo, la realidad es que la mayoría de los epilépticos lleva una vida normal, sobre todo si están bien controlados, sin ningún tipo de limitación más que cumplir con las horas de sueño, las pautas de medicación y evitar el consumo de drogas y alcohol.

Incluso pueden practicar deporte, conducir -si no han tenido crisis durante los últimos seis meses-, y salir por la noche después de hacer una siesta para no perder horas de descanso.

La epilepsia, una enfermedad que consiste en descargas anormales de las neuronas cerebrales, es un trastorno muy heterogéneo lo que se traduce en crisis de muchos tipos, como las convulsiones, desconexiones transitorias, sacudida de alguna de las extremidades y trastornos momentáneos del lenguaje, de la visión o de la audición.

Esto hace, según detalla el neuropsicólogo, que el paciente durante una crisis epiléptica pueda no percibir la información que le transmiten o no dar respuesta a una pregunta, ya que atraviesa un descenso de su conciencia que no le permite entender lo que ocurre a su alrededor.

A estas crisis, que con medicación se pueden llegar a controlar y en ocasiones a desaparecer, se suman los problemas de velocidad de procesamiento de la información a consecuencia de los fármacos antiepilépticos.

Esto hace que los pacientes «digieran» los conceptos de forma más lenta y presenten algunos problemas a la hora de memorizar, agrega Verche, quien resalta que con un poco más de esfuerzo de lo habitual, pueden llegar a retener sin problemas la información.

Esta enfermedad, que no tiene cura aunque sí tratamiento efectivo, no es tratada por un neuropsicólogo en la mayoría de los casos en la sanidad pública, lo que no ayuda a su normalización, denuncia el especialista.

Verche, que participa en un estudio sobre la caracterización neuropsicológica de la epilepsia como complemento al diagnóstico del neurólogo en el que participa la Universidad de La Laguna, el Hospital Universitario de Canarias y el Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria, reivindica el papel del neuropsicólogo.

Aunque no todos los epilépticos necesitan acudir a un neuropsicólogo, Verche destaca la importancia de visitar la consulta de estos especialistas cuando los pacientes tienen problemas de memoria o de atención y también cuando se sienten desplazados por la sociedad.

Los neuropsicólogos, además de ayudarlos a mejorar en sus habilidades, pueden ayudar al diagnóstico situando el origen de la epilepsia y a informar a padres y profesores de las consecuencias que puede tener esta enfermedad.

 

 

 

 

 

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On marzo 17, 2014
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