La Importancia de la Autonomía en los Niños

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La autonomía es la capacidad para realizar las actividades de la vida diaria, resolver problemas y solucionar conflictos por nosotros mismos, utilizando nuestras habilidades y las estrategias que hemos aprendido a lo largo de los años y solicitando ayuda de los demás solo cuando es necesario. La autonomía también engloba marcarse una meta y saber planificar los pasos para conseguirla, así como llevarlos a cabo.

Esta capacidad no aparece de forma espontánea en los seres humanos, debe ser entrenada y enseñada a lo largo del tiempo.

Cuando un niño o niña nace, depende de los padres para todo, desde las necesidades más básicas, hasta los momentos de ocio y recreo. Toda su vida depende de los demás, de cómo le cuiden y le traten. El logro de la autonomía es que con los años esa situación se dé la vuelta y sea ese niño o niña el que pueda hacer las cosas por sí mismo/a con alto grado de eficacia y de bienestar percibidos.

Ser autónomo tiene muchas ventajas. Los niños autónomos saben manejarse solos, pueden resolver problemas sin supervisión y ante la falta de un adulto funcionan correctamente, sin meterse en líos o en problemas, sacan mayor partido a sus estudios y en la etapa adulta encuentran trabajos con mayor facilidad, ya que las empresas de la actualidad buscan personas que sean resolutivas y sepan manejarse sin necesidad de depender de un supervisor. Además sabrá tomar sus propias decisiones y asumir las consecuencias de sus actos, valores en alza a la hora de relacionarse con los demás.

El niño o niña que no es autónomo, no sabe dónde están sus cosas, anda siempre preguntando por todo a los demás, le cuesta tomar decisiones y adquirir hábitos como el de alimentación, sueño o estudios y solo está seguro de las cosas cuando cuenta con la supervisión constante del adulto, que más tarde puede ser un amigo o finalmente una pareja.

Como veis, las ventajas de ser autónomo no son pocas. Para educar a nuestros hijos en autonomía, primero hay que tener claro que será un trabajo de largo recorrido, que nos llevará años y que dependerá de las capacidades de nuestros hijos y de nuestra paciencia y dedicación a ellos.

La educación en autonomía empieza desde la más tierna infancia, desde que el niño es pequeño podemos inculcarle que puede y debe tomar decisiones y cometer sus propios errores para aprender. En los primeros años la labor del padre o madre es fomentar su curiosidad por el mundo y su capacidad de explorar el entorno. Esto es no evitarle todos los obstáculos, solo los que le puedan hacer daño y dejar que aprenda las cosas manipulando el medio y sacando sus propias conclusiones.

Educar en un ambiente en el que haya unas normas y unos límites claros fomenta la autonomía, los límites funcionan como un muro de seguridad que favorece el desarrollo de las cualidades y capacidades de nuestros hijos, ya que se sienten seguros, sabiendo a qué atenerse y que tras un error estarán sus padres allí para apoyarles y recogerles.

A los niños hay que exigirles en función de su nivel de desarrollo, ni por encima, ni por debajo, de forma que cada cosa que se les pida sea un reto y a la vez algo que puedan resolver y que no les genere inseguridad. Que sirva para afianzar su autoestima, el percibir que puede hacer las cosas solos.

En muchas ocasiones nuestros hijos, aún intentando hacer las cosas lo mejor posible, cometen errores y no hacen lo que se les pide, tenemos que valorar siempre su esfuerzo a la hora de desarrollar tareas, más que el resultado de las mismas. Esto hará que repitan la próxima vez que les pidamos algo, de otra forma desistirán con mayor rapidez.

Fomentar las relaciones con los demás, con iguales y con adultos y las conversaciones con los mismos también sirve para desarrollar la autonomía de forma activa. Compartir experiencias vividas, hacer actividades nuevas, conocer a gente con formas diferentes de vivir y actuar puede ser muy enriquecedor para desarrollar su autonomía.

Por último remarcar la importancia de la comunicación padres-hijos en el proceso de adquisición de autonomía, es vital escucharles, conocer sus intereses para así poderles motivar y enseñarles a aceptarse tal cual son. Mostrarles la importancia de expresar sus emociones en la comunicación y la forma asertiva de relacionarse con los demás, respetando sus derechos, pero defendiendo sus propios intereses.

En definitiva dotarles de las herramientas necesarias para conseguir que sean felices de mayores y que puedan conseguirlo por sus propios medios, y respetando a los demás. “Es un trabajo duro, pero alguien tiene que hacerlo”.

 

Patricia Rojas Camacho

Psicóloga de Grupo Cambia

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On diciembre 9, 2013
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