Habilidades Sociales… ¿Las grandes olvidadas?

Artículos Grupo Cambia Comments (0)

Empatía

 

Una de las actividades que cada vez estamos desarrollando con mayor frecuencia en Grupo Cambia son los talleres en colegios e institutos, que nos demandan sesiones para trabajar algún aspecto que consideran necesario potenciar en sus aulas y en Grupo Cambia realizamos una planificación adaptada a sus necesidades. No obstante, procuramos incluir una temática que nos parece básica, y que cada vez echamos más en falta a la hora de trabajar con los menores, las habilidades sociales.

Nos encontramos con más frecuencia a menores que a edades en las que deberían tener integradas determinadas habilidades sociales, no solo no están interiorizadas, sino que ni siquiera existen indicios de que se estén empezando a adquirir. Este aspecto nos preocupa especialmente, de ahí que intentemos potenciar en los talleres, las escuelas de padres, e incluso en las sesiones a nivel familiar el trabajo de esta temática tan importante.

En Grupo Cambia partimos de la base que existen cuatro habilidades sociales básicas: empatía, asertividad, escucha activa y mensaje yo, que explicaremos brevemente.

La empatía consiste en ponerse en el lugar del otro, escuchar sus sentimientos (“yo te miro con tus ojos, y tú me miras con los míos”). La empatía es una habilidad que se aprende fundamentalmente gracias al aprendizaje vicario, es decir, cómo ven los hijos actuar a sus padres. Es obvio que no nos vamos a sentar con los niños a explicarles qué es la empatía, pero si a la salida del colegio vemos a un niño que se le cae un euro, y en vez de decirle que lo coja y se lo dé a su compañero, le aconsejamos que se calle y disimuladamente se lo quede, o que no pase a tal compañero porque no es “bueno” haciendo deporte, estamos sentando unas bases de comportamiento que posteriormente y muy probablemente, se repitan y evidentemente no tienen nada que ver con la empatía… Una de las mayores carencias a la hora de solucionar conflictos, sin duda, es la falta de empatía, y es doloroso recordar que las estadísticas nos dicen que cada vez existen más conflictos en la edad escolar, tanto entre los iguales como entre los alumnos y los profesores.

La asertividad es la capacidad de saber reaccionar de la manera más apropiada ante cualquier circunstancia (“ni pasarse ni quedarse corto”). No dar una respuesta agresiva pero tampoco inhibida: “defender los propios derechos, respetando los de los demás”. Otra de las grandes carencias que percibimos en los menores y que resulta imprescindible para la resolución de conflictos… Una de las consecuencias de la escasa o nula tolerancia a la frustración es querer imponer nuestro criterio sin tener en cuenta ni la opinión ni los deseos del resto de personas; y volviendo a recordar algo que no es agradable, una de las demandas más importantes del profesorado es la escasa tolerancia a la frustración de los alumnos.

La escucha activa consiste en hacer sentir a la otra persona que se le está prestando una  completa atención y que se tiene verdadero interés por lo que nos está transmitiendo. Practicar la escucha activa cada vez es más complicado dentro de la familia por lo “apretado” de los tiempos. Aprovechamos para hablar con nuestros hijos mientras hacemos otras cosas, lo que disminuye considerablemente la calidad de la comunicación. Mirar a los ojos, tener un gesto de acercamiento, repetir una frase,… también se aprende, pero es muy complicado si al mismo tiempo estamos viendo la televisión, haciendo la comida o respondiendo un mensaje al móvil.

Por último, y no por ello menos importante, tendríamos el mensaje yo que consiste en expresar ideas y sentimientos en primera persona, para generar en las personas que estamos hablando,  una mayor comprensión y empatía. Estamos acostumbrados a hablar a través de mensajes TÚ, lo cual genera, de forma inconsciente en la otra persona, un aumento en los niveles de ansiedad. Cambiemos la estructura del mensaje por la siguiente: Explico la situación – Transmito cómo me sentimiento – Propongo una solución.

Imaginemos que llevamos esperando en la calle un buen rato a una persona, y cada vez me voy poniendo más nervioso. Cuando llegue, el mensaje que voy a dar será: “has (tú) llegado tarde, casi siempre pasa lo mismo, siempre que quedamos (tú) llegas tarde”. Este tipo de mensajes lo que hace es generar mucha tensión en el receptor y activa un mecanismo de acción-reacción: si me siento atacado, me defiendo, y nos encontramos con respuestas como “no siempre llego tarde”, “el otro día llegaste tú más tarde” “yo no soy un tardón”, etc. que lejos de resolver el conflicto, lo empeoran.

Un mensaje yo para esta situación sería el siguiente: “Son las 6,20 y habíamos quedado a las 6 (reflejo la situación lo más objetivamente posible, sin hacer juicios de valor), me sienta fatal/no me gusta tener que estar en la calle 20 minutos esperando (expreso mi sentimiento, siempre en primera persona), para la próxima vez que veas que no vas a llegar a la hora, avísame con anticipación para no tener que estar aquí 20 minutos”. De esta forma lo que generamos en la persona que tenemos enfrente es reflexión, ya que en ningún momento estoy “atacando” sino que estoy explicando cómo me siento y eso es difícilmente rebatible.

A través de talleres es fácil trabajar las habilidades sociales, porque lo haces con juegos, dinámicas, role-playing que resultan atractivos para los menores, pero es necesario que ese trabajo tenga una continuidad, de ahí que constantemente transmitamos la importancia de implicar a los padres y profesores en la educación de las habilidades sociales.

Evidentemente cuando impartimos talleres sobre las habilidades sociales los adornamos para que sean atractivos para los menores; hemos comprobado que la actitud e interés que genera en los alumnos un taller para “Aprender a ligar” es mucho mayor que un taller de “Habilidades Sociales”, cuando en el fondo, estás trabajando lo mismo…

Como mencionaba con anterioridad, las habilidades sociales, como los valores, se transmiten de forma implícita en el día a día con los hijos, por lo que es fundamental que cuidemos estos aspectos ya que adquirirlos posteriormente es posible, pero más costoso… En beneficio de todos, y especialmente de nuestros hijos y menores ¡hagamos un esfuerzo por no olvidarnos de ellas!

 

Javier Rodríguez Velasco

Psicólogo Clínico y Educativo Grupo Cambia

Pin It

» Artículos Grupo Cambia » Habilidades Sociales… ¿Las grandes olvidadas?
On diciembre 23, 2013
By

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

« »