¿Amigo de mi hijo?

Artículos Grupo Cambia Comments (0)

Péndulo

 

En la educación de los hijos, como prácticamente en todos los ámbitos de la vida, nos movemos a través “modas” y corrientes que van surgiendo, y esa novedad y el “boom” que generan hacen que se consideren en ese mismo momento la mejor opción.

 

Una de estas últimas corrientes en el ámbito de la educación, que cada vez tiene más seguidores, afirma que es positivo para el vínculo paterno/materno-filial, ser amigos de nuestros hijos, que de esta forma tienen la confianza suficiente para contarnos todo y así les podemos aconsejar; actuando como amigos suyos, sabrán que estamos ahí y se generará una vinculación especial más intensa que si nos ven como figuras más lejanas.

 

Una de las explicaciones de la aparición de esta nueva corriente, es la llamada Teoría del Péndulo. Hace unas generaciones, era impensable la posibilidad de ser amigos de nuestros padres, ya que el modelo más extendido en los hogares españoles era el modelo autoritario, donde las figuras de referencia ejercían un papel muy jerarquizado, y donde las normas difícilmente se podían discutir. ¿Qué hacen los péndulos? Bascular….

Un par de generaciones después, nos encontramos el péndulo de la “relación con los hijos” en el otro extremo, siguiendo la corriente que afirma que es positivo ser amigos de nuestros hijos.

 

Este artículo no pretende hacer un alegato de un sistema educativo ni de otro, no somos jueces, pero si pretendemos provocar algunas reflexiones. Evidentemente todos los modelos son susceptibles de mejora, existen aspectos que pueden perfeccionarse para mejorar, pero ¿es necesario irse al extremo contrario? Hay opiniones para todos los gustos. Desde personas que opinan que sí, que el modelo autoritario es un auténtico fracaso, a otras que opinan que muchos de los problemas que nos encontramos en la actualidad con nuestros menores, se deben a la falta de límites y a la escasa tolerancia a la frustración que muestran nuestros hijos debido al fracaso de este nuevo modelo del que estamos hablando.

 

Aquí debemos plantearnos… ¿Por qué no intentar parar el péndulo en el término medio? A mitad del camino entre ambos modelos… Y efectivamente, ese modelo existe, y tiene el nombre de Modelo Inductivo o de Apoyo. Un modelo que potencia la interacción con los hijos, favorece los espacios de comunicación, refuerza la autonomía, busca el consenso entre todos los miembros ya que las normas no se imponen sino que se acuerdan explicando las razones de las mismas; además en las situaciones críticas en las que no se llega a un acuerdo prevalece la opinión del adulto, porque aunque a mucha menos distancia que el modelo autoritario, sigue existiendo una jerarquía en la que la opinión de los padres en caso de conflicto está por encima que la de sus hijos, ya que tienen la responsabilidad de protegerlos. Es decir, la disciplina inductiva reconoce que finalmente la relación padres-hijos es necesariamente asimétrica y que los padres no deben perder el  control si desean cumplir su función protectora y educadora, pero también reconoce que esa asimetría no es necesario que sea tan drástica como en el modelo autoritario y que no debemos recurrir al famoso “porque yo lo digo” que tanto nos escocía… Evidentemente, como se suele decir, la educación de los hijos no es una tarea fácil y exige un elevado compromiso y sacrificio, aspectos básicos en el modelo Inductivo.

 

También es cierto que las necesidades en cada etapa son diferentes; podríamos decir que en la infancia se van aprendiendo las bases de convivencia y se van construyendo los cimientos de nuestros hijos. Después aparece la temida adolescencia donde surge la necesidad de diferenciarse de la familia y apoyarse en los iguales. Si conseguimos sobrevivir a la adolescencia, lo normal es que vuelva a aparecer la necesidad de acercarse de nuevo a la familia, pero dependerá del vínculo que hayamos generado con anterioridad. Y si avanzamos un poco más, es importante tener en cuenta que la calidad de los cuidados que recibamos cuando nosotros lleguemos a la tercera edad, dependerá de nuestra labor como padres durante estos años…

 

Parafraseando a Emilio Calatayud, juez de menores en Granada, una persona a la que tengo un gran respeto y una gran admiración, terminaré este artículo con unas palabras suyas: “¿Amigo de mis hijos? ¡Ni hablar! No les quiero dejar huérfanos, porque ser amigo y padre, es incompatible…”

 

Javier Rodríguez Velasco

Psicólogo Clínico y Educativo

Pin It

» Artículos Grupo Cambia » ¿Amigo de mi hijo?
On noviembre 24, 2013
By

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

« »