Reflexiones sobre la crisis

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Reflexiones sobre la crisis

 

En estas líneas no vamos a dar una solución a la crisis, ni lo pretendemos ni podemos. No vamos a esclarecer sus causas ni cuándo va a terminar. No somos chamanes ni adivinos, ni brujos de la economía. Nuestra intención es aportar algunas perspectivas que ayuden a sobrellevar esto de “la crisis”.

 

En estos tiempos todos los días se habla de desempleo, de recortes en Servicios Sociales, de corrupción, deuda y déficit… realidades que de alguna manera nos tocan a todos en distintos grados. En este clima de incertidumbre, el no saber qué va a pasar en los próximos meses, si encontraremos trabajo, si el banco llamará a nuestra puerta para entrar y sacarnos de casa, si tendremos que prescindir de la guardería del niño… podemos posicionarnos de dos maneras: ser espectadores o ser actores.

 

El espectador es pasivo, deja que las cosas sucedan y trata de que no empeoren más; “virgencita que me quede como estoy”. Cuando todo pase -y pasará, se lo aseguro-,  las cosas empezarán a ir de otra manera, tendrá que agradecer a los gestores su buen hacer. Entonces podrá preguntarse “¿Qué he hecho yo para mejorar las cosas?”. La respuesta puede no ser satisfactoria. Un buen espectador trata de estar quieto, y piensa que lo que le sucede se debe a factores que no puede controlar. Se dice a sí  mismo “haga lo que haga, lo que tenga que pasar… pasará”. Como el público que asiste a una obra de teatro, espera sin moverse en su butaca a que vuelvan los pasajes cómicos que tanto le hicieron reír.

 

La otra opción es convertirse en actor, mover la cazuela “para que no se pegue el arroz”, involucrarse y comprometerse no solo con su propio futuro sino con el de las personas que le rodean. Cada vez hay más actores en nuestra sociedad, como no podía ser de otra manera. Plataformas que reivindican los derechos de sus vecinos de calle, de barrio, de ciudad o de nación. Plataformas constituidas por personas como usted y como yo, sin grandes pretensiones vitales, pero con enormes ganas de cambiar un sistema que hace aguas, y que parece empeñado en subsistir y perdurar a pesar de no contentar al ciudadano, o a la mayoría de ellos.

 

De lo macro a lo micro: en otros artículos se ha comentado lo desagradable de la incertidumbre, lo mal que las personas lo pasan cuando no saben qué va a suceder. Si el entorno es, además, hostil, la incertidumbre se convierte en miedo. Nuestra recomendación es clara: tome el control de su vida. Visualice dónde quiere estar en un horizonte de dos años y a continuación baje la vista poco a poco para ver el camino que le llevará allí. ¿Qué tengo que hacer para que suceda? No hay duda de que todos los días hay que andar un poco, hay que moverse y avanzar. Y no se termina el mundo si un día retrocedemos tres pasos.

 

Lo importante es tener control sobre lo que hacemos, sobre lo que nos pasa, poder atribuirnos éxitos y fracasos, ya que son las dos formas de estar en la partida y no mirando. Si está de acuerdo con esto, suba un nivel y pregunte cada día a dos personas “¿Necesitas algo?” o “¿Puedo ayudarte?”. Pruebe, hágalo unos días y si le funciona, repita. No tiene nada que perder, y quizás consiga saltar esa tapia de silencio que por vergüenza o temor siempre toca con la mano pero nunca escala. ¿Miedo al cara a cara? Coja el teléfono y llame de una vez a quien tanto tiempo lleva queriendo saludar.

 

Participe, se lo agradecerá su salud psíquica y física. Pero participe pacíficamente, sonriendo. Comparta tiempo con sus seres queridos, pasee y trate de no ver las noticias durante unas semanas. Tampoco escuche los boletines radiofónicos ni bucee en internet como si estuviese buscando una droga. Confíe en sí mismo antes que en alguien con quien nuca ha comido. Y actúe.

 

Daniel Sánchez Martín

Neuropsicólogo de Grupo Cambia

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On octubre 14, 2013
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