En casa con treinta y …

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Una de las consecuencias de la crisis económica, ha sido el cambio de vivienda de algunas personas a casa de sus padres, los que en el mejor de los casos tengan esa opción, ya que hay gente que no tiene tanta suerte.

Esto conforma una nueva estructura de la familia, el reflejo de una nueva realidad social.

Todos conocemos el “Síndrome del Nido Vacío”: cuando los hijos/as se van de casa y vuelan por su cuenta, y los padres se quedan solos. Pues bien, esta nueva realidad social lleva consigo otro síndrome, en este caso justo el contrario, el “Síndrome del Nido Lleno”.

Este síndrome lo conforman tres casos identificados o tres tipos de familias:

  • Los hijos/as que no se van de casa, como fruto del cada día más patente retraso en la edad de emancipación. Lo que se conoce como la “generación invisible” (futuro incierto, dificultades para acceder a una vivienda, etc.).
  • Los que se separan o divorcian y vuelven, a veces con hijos propios; unos los hacen por economía, otros porque necesitan apoyo emocional, y otros por miedo, en los casos del malos tratos.
  • Los que ya se habían independizado, pero no pueden pagar alquiler y vuelven.

 

Como consecuencia, el nido se llena de nuevo y esto tiene pros y contras. Por un lado los padres se sienten bien al ayudar a sus hijos/as, se sienten útiles, aunque por otro lado se sienten frustrados porque sus hijos a los que creían ya asentados, vuelven. Y además hay que reajustar la economía, los espacios y los tiempos de ocio, que en ocasiones deben compartirse. Esto genera en los padres sentimientos de culpa, lo que provoca que cuando el hijo vuelve, ellos se sienten responsables, por lo que no le ponen límites, ni normas, y de esa manera no le están ayudando.

En los hijos también provoca consecuencias esta nueva situación: todos conocemos algún caso de explotación de hijos a sus padres que piensan que es su obligación mantenerlos. Luego hay otros que siendo respetuosos y compartiendo gastos y espacio con sus progenitores, ven significativamente mermada su intimidad y su capacidad de decisión continuamente cuestionada, porque sus padres los tratan como cuando eran pequeños.

Todo esto al final deteriora la relación.

Para que esto no ocurra os lanzamos una serie de pautas que quizás os ayuden si os veis inmersos en esta situación familiar:

– Convencerse de que la situación de convivencia va a ser transitoria.

– Los padres deben respetar la intimidad del hijo/a que vuelve.

– Las normas las deben poner los padres, sobre cualquier situación. Los hijos deben respetar las costumbres de una casa que no es suya.

– Asumir que la relación padre/madre-hijo/a ha cambiado, por muy buena que fuese anteriormente. Hay que colaborar y repartir tareas.

– El apoyo económico de los padres a los hijos sólo es aconsejable en determinadas circunstancias. No pueden perpetuarse roles infantiles, el hijo/a se debe buscar la vida y no depender de sus padres.

– El respeto y la intimidad  también se deben compartir.

– No señalar fracasados, ni responsables en una situación que debe ser temporal y pasajera.

 

PATRICIA ROJAS CAMACHO

Psicóloga Clínica de Grupo Cambia

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On junio 2, 2013
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