Comunicación en la familia hoy

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Una de las demandas más recurrentes a la hora de trabajar con los padres, es la falta de comunicación con sus hijos, que si no hacen caso, que nosotros a su edad no hablábamos así, que si no nos entendemos… ¿es real ese cambio tan drástico en las formas de comunicación dentro de la familia?

 

En este artículo, nos centraremos principalmente en la etapa de la preadolescencia-adolescencia, que es el período en el que se agudizan estas dificultades… Y esto, ¿no nos suena de nada?

 

Una de las primeras dinámicas que intentamos elaborar con los padres, a la hora de intervenir en situaciones de conflictos en la comunicación con nuestros hijos, es hacer un ejercicio de “memoria”, y que nos cuenten cómo fueron esos años, en los que eran ellos los adolescentes. Y los resultados son muy sorprendentes para ellos mismos, porque se asemeja mucho lo que cuentan de “su” adolescencia con la de sus hijos, ese distanciamiento de sus padres, ese no sentirse entendido, esa frustración por tener que acatar normas que no compartes, sensaciones que les resultan lejanamente familiares, aunque eso sí, en un contexto completamente diferente, lo que nos llevaría a otra cuestión… Ese contexto en el que vivimos nosotros “nuestra” adolescencia ¿no era también completamente novedoso para nuestros padres?

 

Lo que es evidente es que las nuevas tecnologías han abierto una vía de comunicación dentro del seno familiar, inexistente hasta hace muy poquitos años… Nosotros nunca enviamos un whatsapp a nuestro padre o madre para que viniera a buscarnos a casa de un amigo, o para avisar que nos retrasábamos en la hora de llegada. Pero, este cambio, ¿es malo?

 

No tiene por qué serlo, si somos capaces de adaptarnos y abrir una nueva vía de comunicación con ellos; está claro que las nuevas tecnologías van a ir aumentando su presencia y su importancia, por lo que tenemos que aprender a convivir con ellas y utilizarlas para abrir una vía más de comunicación con nuestros hijos.

 

Hemos de ser conscientes que los contextos van cambiando, y lo seguirán haciendo, pero que necesitaremos ir adaptándonos a ellos, como hicieron nuestros padres con nosotros, para no “alejarnos” de nuestros hijos… Muchas veces, los propios adolescentes, nos preguntan: “¿Por qué me echa la charla sobre las redes sociales, si no sabe de qué van?”, y su argumento es entendible. De hecho, en las Escuelas de Padres, enseñamos a los padres a abrirse un perfil en una red social, para que sepan los pasos que tienen que dar, la información que se publica y demás, con el objetivo de “acercarnos” a nuestros hijos en estas edades complicadas.

 

Lo que hemos de tener claro, es que lo importante, lo más importante, más que el canal de la información, o la cantidad de ésta, es la calidad de la misma. De hecho, no se puede decir que esa disminución de la cantidad de información sea negativa, ya que a estas edades nuestros hijos necesitan “diferenciarse” un poco de la familia, ir construyendo su propia identidad, y eso pasa, inexorablemente, por tomar algo de distancia con la familia.

 

Pero entonces ¿qué podemos hacer para que nuestra comunicación sea de calidad? Escucharles, ojo, que no oírles, cambiar las discusiones por el diálogo en casa, utilizar palabras relacionadas con nuestros sentimientos (“me siento mal cuando haces…”), más que en lo que hacen (“Lo has vuelto a hacer, otra vez, ¿es que eres sordo?), hablar de comportamientos (“esto no está bien hecho”), en vez de formas de ser negativas (“eres muy malo”),  evitar la crítica constante destructiva sustituyéndola por las observaciones constructivas (las observaciones nos enseñan a crecer, las críticas nos alejan), y muy importante, utilizar el refuerzo positivo, que es la herramienta fundamental para conseguir o mantener comportamientos positivos en nuestros hijos.

 

No nos olvidemos, que la comunicación con los demás es un reflejo de la comunicación con uno mismo. Tratamos a los demás como nos tratamos a nosotros mismos, si somos demasiado exigentes y agresivos con nosotros  mismos, también lo seremos con los demás. Si nos tratamos de manera generosa, cálida y cariñosa, estas mismas actitudes son las que transmitiremos a las personas que se relacionan con nosotros, especialmente nuestros hijos.

 

 

JAVIER RODRÍGUEZ VELASCO

Psicólogo Clínico y Educativo Grupo Cambia

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On mayo 19, 2013
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